e o n a fuErza del pasado os Constructores C vi es cimentaron el de levantamiento de la edificación ha concluido, el punto más alto del proyecto ha sido alcanzado. La silueta formal buscada ha sido determinada en el espacio y su volumen ya puede ser admirado. El entorno se transformó y ante la vista del hombre se alza una creación. Entonces, se comprende: hay que celebrar. Hay que dar un merecido reconocimiento a la capacidad del hombre para llegar arriba. Pero de esto se puede sacar otra conclusión interesante. Si comprendemos que la celebración del tijeral es, por una parte, un rito a la fertilidad y, por otra parte, un homenaje ritual a la capacidad creativa del hombre, podemos comprender por qué se usa una bandera chilena como señalización. Es decir, tan importante actividad amerita el mejor símbolo, y allí, en el punto más alto de la obra. Dentro del esquema de análisis de las características de una fiesta, aún nos queda por ver una bastante importante: la fiesta es frágil. El encanto, el éxtasis de los instantes que se vive en una celebración se pueden romper con cualquier detalle, del mismo modo en que se rompe el encanto de un niño que juega entretenido al que su madre llama a hacer sus tareas. Se regresa de viaje al tiempo rutinario. Veamos un ejemplo de esta característica en un tijeral. Decíamos anteriormente que el trabajador inmerso en la celebración desempeña un papel diferente al normal. En su juego festivo tutea al jefe y se toma libertades no permitidas en otras circunstancias. Toda la concurrencia disfruta el momento y la espontaneidad. Pero suele suceder que a un jefe no le agrade este exceso de confianza y, disgustado, coloque al trabajador en su lugar. Se pone tenso el ambiente, se quiebra el encanto y, dependiendo de la intensidad de la reprimenda, puede arruinarse la fiesta. En este caso particular, es conveniente comprender el espíritu de la fiesta y captar que el comportamiento del ser humano, en ocasiones, es mucho más emocional que racional. No aprehender esta dinámica no necesariamente justifica descartarla como inválida o superflua, ni menos romper el encanto que las circunstancias exigen, con comportamientos discordantes. Al respecto Juan Mateas dice que el "aguafiestas" nace cuando una persona "no logra vencer sus temores para ser él mismo", y que esta persona "suele ser un cohibido disfrazado de bravucón o un insensible con aires de experimentado; quizás un defraudado de sí mismo, que ridiculiza la espontaneidad ajena y se burla de la exuberancia inocente" (Mateas 1975:260). Como hemos visto hasta ahora, esta celebración tan propia de la construcción se nos presenta con matices importantes aunque la mayoría de las veces no la tomamos en cuenta, o simplemente la desdeñamos como poco significativa. La conclusión es obvia. Dependerá de cada uno el cómo enfrentar estas actividades; si nos dejamos llevar por un materialismo desplazante y absorbente, o si dejamos que el espíritu se impregne de los elementos propios de nuestra condición humana. Las reflexiones expuestas hasta aquí forman parte de un trabajo mayor que comprende otros aspectos ligados a esta celebración, entre ellos: la decadencia de la fiesta inmersa en un mundo secularizado y la decadencia por exceso; análisis de la relación fiesta, culto, juego y mito; reflexiones e inferencias de las encuestas a trabajadores y, por último, análisis del paralelo entre esta fiesta y un antepasado muy cercano como lo es el "techamiento de la vivienda", que se celebra en casi todas las comunidades de los pueblos andinos. U n I v e ~ E d a d e, a , o e ~ d r I N C' r t e 132
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