La historia de la construcción en Antofagasta - La primera piedra

LA HISTORIA DE LA -- CONSTRUCC10N EN ANTOFAGASTA... la primera piedra Jorge Vallejos Bernal (Autor/Compilador]

Llagostera Martínez Autor/ComP,ilador: 1

INDICE ■ Palabras preliminares ■ La Construcción de los Asentamientos Prehispánicos en el Litoral del Desierto de Atacama Lautaro Núñez Atencio ■ La Ciudad de Antofagasta como Sumatoria de Proyectos Roberto Rivera Romero ■ Aspectos Constructivos de los Principios de la Arquitectura en Antofagasta Claudia Galeno Abaceta -------------------------------a::a::c ■ El Ordenamiento Espacial de Antofagasta hacia el Sur. Planificación Urbana y Conjuntos Habitacionales entre 1955-1962 José Antonio González Pizarro_____________________________ a::ic ■ Los Dos Puertos de Antofagasta, Vitales para el Progreso Regional Isidro Morales Castillo ________________________________ -=e ■ Historia de la Pavimentación en Antofagasta. Primeras Etapas Roberto Galleguillos Valle ------------------------------11[] ■ La Especialidad de la Construcción en la Universidad Católica del Norte -----=---=---=---=---=IICJ Reseña Esquemática e Histórica de la Carrera de Ingeniería en Construcción en Chile René lturra Molina _______________________________ l:lll[J La Evolución del Ingeniero Constructor en la Universidad Católica del Norte Alfredo González León Palabras del Primer Director de la Escuela de Construcción Civil Neven llic Vladislavic ,______________________________ -=c Palabras del Primer Titulado de la Escuela de Construcción Civil Martín Subiri García---=---=---=------------------=---=---=---=---=o ■ La Celebración de los Tijerales. La Fiesta de la Construcción Jorge Vallejos Bernal ■ Bibliografía____________________________________ ::1:1(] Página 04 06 18 62 78 92 106 112 114 116 119 123 126 134 135

Palabra ando la comisión encargada de las actividades de elebración de los 50 Años de la Carrera de Ingeniería en Construcción Civil, decidió trabajar en la publicación de un libro con la historia de la construcción en Antofagasta, no dimensionó la magna obra que debía emprender. Se la definió no como un libro técnico, sino uno que mantuviera la mirada en el hombre y en su quehacer en el entorno en el que le tocó vivir, involucrando lo integral de su condición, abarcando así, su racionalidad y también su emocionalidad. Como la obra era abismante y abrumadora en su conjunto, se apeló a la fuerza interior y tradicional de antiguos artesanos mamposteros que afrontaban un quehacer de esta naturaleza con la colocación de la primera piedra, la piedra basal y angular, que dio origen al ritual iniciático de santificación y de buenos deseos en el futuro de una construcción. Esta base emocional, sumada a la capacidad intrínseca por la organización, llevó a afrontar la obra por etapas. Por ello este libro se denomina "LA HISTORIA DE LA CONSTRUCCION EN ANTOFAGASTA... , la Primera Piedra", dejando, de esta manera, abiertas todas las posibilidades de que en el futuro exista una segunda, una tercera, y así sucesivamente, hasta ir completando la historia de nuestra ciudad, con el esfuerzo sumado de las generaciones venideras. 04 s P r e m n a r e s Convengamos con lo que dice Lautaro Núñez, en que estos territorios ya habían sido habitados por culturas prehispánicas. Pero no hubo choque cultural con el hombre occidental (cristiano) que llegó en el siglo XIX. Estos últimos se avecindaron en esta zona desértica en búsqueda de mejores horizontes y tuvieron que aprender a "domesticar" este hábitat. Así. .. , se fue creando ciudad. Pero la necesidad del espacio habitable forzó la acción a la espontaneidad y, más tarde, a la planificación. De ello nos habla Roberto Rivera en su artículo, cuando dice que Antofagasta es una sumatoria de proyectos. Y Claudia Galeno nos cuenta de los aspectos constructivos de los principios de la arquitectura en la ciudad, haciendo aflorar en nuestra retina la fisonomía física y, porqué no decirlo, espiritual, cuando apreciamos que el pasado perdura en el repertorio de las creaciones pasando de un siglo a otro. Aprecia también el cosmopolitismo de la ciudad, característica que ha permanecido latente y que se ha visto incrementada debido a la bonanza minera característica de la región. José A. González da una mirada más segmentada, y se refiere a las décadas cincuenta y sesenta, observando habitación y urbanización en el sector centro sur de Antofagasta. De la misma forma, Isidro Morales analiza la existencia de los dospuertos que ha tenido la ciudad y Roberto Galleguillos

nos lleva la mirada a la pavimentación primaria del casco central y alrededores El capítulo siguiente, por decirlo de alguna forma, pertenece a los anfitriones, a la gente del Departamento de Gestión de la Construcción de la Universidad Católica del Norte, quienes, muy sucintamente, dan la palabra a los ancestros, entiéndase, el primer Director y el primer Titulado de la carrera en la historia de la universidad y de la ciudad. Finalmente, y en consecuencia con los rituales de la construcción, Vallejos nos habla de "Los Tijerales", fiesta característica que se celebra cuando una obra ha llegado al punto más alto, cuando el espíritu espontáneo de los trabajadores, con una bandera chilena al tope, nos dice que el tiempo se debe detener y hay que celebrar. Simbólicamente, también sirve entender el ritual para poner fin a esta etapa, la primera piedra de un edificio que continuaremos desarrollando con toda seguridad porque nuestro agradecimiento infinito lo exige. La especialidad de Construcción en la Universidad Católica del Norte, está cumpliendo cincuenta años. Por esta causanació la idea de hacer una publicación que hablara de la historia de la construcción en la ciudad. Esta "primera piedra", 05 es nuestro aporte a la región, a la ciudad, y a nuestra Casa de Estudios. A todos les debemos nuestra existencia y nuestro pago está representado en los cientos de profesionales titulados que se han dispersado por la zona, el país y el extranjero, llevando la impronta en el alma de hecho en la Universidad Católica del Norte de Antofagasta. Con el alma encendida por el orgullo de ser "constructores", presentamos esta obra a la ciudad que nos cobija, a su gente que nos quiere, a nuestros colegas que nos recuerdan y a los profesionales todos que nos respetan. Alfredo González León Director Departamento de Gestión de la Construcción

'uturo de los lnger eros Corstructorss • 50 Anos, 1961 2 O 1 1 .. LA CONSTRUCCION DE LOS ASENTAMIENTOS .. PREHISPANICOS EN EL LITORAL DEL DESIERTO Lautaro Núñez A.1 o es fácil imaginarse como este territorio costero fue domesticado a lo largo de la secuencia de sus habitantes más antiguos. Sin embargo, durante el Holoceno temprano, los primeros cazadores andinos lo colonizaron en las tierras de mayor altura, bajo un ambiente mucho más húmedo; al mismo tiempo, ocurrían por la costa los primeros desplazamientos de los pescadores-recolectores, entre los 11.000 y 8.000 años AP (Núñez et al 2002; Castelleti 2007; Llagostera 2005). Es que la disponibilidad de los recursos marítimos fue también muy importante porque no presentaban muchas fluctuaciones estacionales y se extendían continuamente, constituyendo una relevante fuente de subsistencia por el efecto de la fría corriente de Humboldt. A pesar de la ausencia de desembocadura de ríos en una de las cubiertas más áridas del mundo, estos límites no fueron tan drásticos a raíz del potencial alimentario y de la presencia de una que otra vertiente a lo largo del litoral (Núñez y Varela 1967). Los datos arqueológicos y etnográficos reconocen que hubo explotaciones oportunas y otras más estables en caletas productivas que estimularon actividades nómades y algo más fijas, a pesar de ciertos momentos de estrés ambiental generado por los cambios de las corrientes marinas. En el intertanto, tanto en la Cordillera de la Costa como en las pampas adyacentes, estos desplazamientos fueron recurrentes en la búsqueda de provisión de agua, vegetales y materiales líticos, que alcanzaron incluso algunos oasis interiores en el tramo inferior del río Loa. Estos antecedentes explican que, en general, el acceso a los recursos costeros imprimió un estilo de vida dinámico con grupos móviles, cuyos tamaños variaban de acuerdo a la potencialidad de los recursos: caza, pesca, recolección de mariscos, utilización de vegetales y aprovisionamiento de agua, aspectos que variaban sensiblemente de un lugar a otro (Nesteret al 2007; Santoro et al 2011 ). Los primeros pescadores de la cultura Huantelauquén arribaron por los 11 .000 años AP en un avance de sur a norte, instalándose en la costa de Taltal en el interior de abrigos naturales bajo roca, al parecer al margen de recintos específicos. Utilizaban estos cobijos porque eran útiles por la mantención de las temperaturas cálidas y frescas, sin el desgaste de la energía humana en términos constructivos (Castelleti 2007). Por este tiempo alcanzaron toda la costa desértica tras la apropiación generalizada de pesca, caza y recolección de mariscos estrictamente en el borde marino. El hecho de que hayan aprovechado la mayoría de las especies hoy conocidas, con la captura de aves, mamíferos marinos y camélidos silvestres por intermedio de dardos con puntas pedunculadas, componentes de un equipamiento sofisticado y tecnológicamente maduro, demuestra su adecuada adaptación al medio. Un sinnúmero de estos asentamientos establecidos en la Segunda y Tercera Regiones demuestra que solían integrarse en campamentos con amplios espacios al aire libre, dedicados a las labores domésticas cuyos residuos alimentarios, de fogones y de restos artefactuales quedaban depositados en extensas capas, formando lo que se conoce actualmente como conchales. Es muy probable que hayan alojado protegidas en afloramientos rocosos, en habitaciones pircadas circulares, integrando a agrupaciones interfamiliares (Cervellino et al 2000 ; Llagostera 2005). Es posible que varios de estos campamentos se encuentren actualmente bajo el mar, por cuanto durante el Holoceno temprano, hasta los 6.000 años AP, ocurrieron dramáticos cambios en términos de levantamiento del nivel del mar, alzándose unos 60 a 80 m, lo que explica la relativa carencia de asentamientos de esta época (Fairbanks 1989; Grosjean et al 2007); posiblemente ocurrieron también, simultáneamente, procesos de ascenso del litoral (Richardson 1 Académico Titular, Instituto de Investigaciones Arqueológicas, Universidad Católica del Norte, San Pedro de Atacama. 07 L n V F" r E, 1 d el r e a t r 1 1 ~ el r:I e 1 ~ o r t e

e o n a fJErza del pasado os Constructores C vi es cimentaron el 1981 ). Aparte de estas transformaciones, los rec~rsos ~o~t~ños eran permanentes e independientes de _los cambios ~limat_1c_~s, de manera que existía una plena confianza en la d1spos1c1on de tantos alimentos costeños; incluso los efectos de la corriente del Niño no lograron generar impactos críticos (Llagostera et al 2000). Precisamente, por los l 0.280 a 9.280 años AP el escenario de la costa de Antofagasta acoge a los pescad~res Huentelauquén, quienes instalan sus campamentos en el sector de la Chimba, en espa~ios elevados, al pie de la Cordillera de la Costé!,, en donde,_ a Juzgar por la magnitud de los conchales,_ vanas agrupaciones debieron integrarse sin un ordenamiento determinado (Llagostera 2005). Allí consumieron los alimentos tr~sladados de~de las playas, preparándolos sobre fogones, P<?S!blemente realizando festines ritualizados, en los que se h1c1eron presentes sus litas geométri~o_s discoidél:les y poli!¡Jonales, vincul~dos con acciones simbolicas propias de antiguos ceremoniales que inauguraban los pri~eros actos públicos en espacios abiertos. Se trata de acciones profanas y sacras que seguramente incluían el culto a los antepasados y quizás a las importantes vertientes cercanas. Después de los 6.000 años AP, cuando se estabilizó el nivel del mar tal como se encuentra en el presente, comienza la recolonización del litoral a través del establecimiento de múltiples asentamientos que representan una mayor carga demográfica y cobertura espacial. Entre Taltal y la desembocadura del Loa, estos habitantes logran apropiarse de otros espacios, distintos a los de sus, antec_es<?res, disponiendo sus campamentos en sectores mas restring1~os, con recintos sencillos, también dispersos. En gran medida, una vez cubiertos con los residuos de alimentación, fogones y depósitos de cenizas, estos campamentos fueron abandonados dando lugar a grandes montículos o CC?nchales que, precisamente en el sector de Taltal donde existe una mayor concentración, han sido datados en los 6.400 AP (Gaete et al 2003 en Castelleti 2007). Ciertamente, alreded9r de los 6.000 años AP, los campamentos se presentan mas homogéneos y con similares respuestas culturales y tecnológicas, siendo su principal identidad los a_nzuelos elaborados de conchas (Bird 1943). Estas agrupaciones se dispersaban por el litoral en explotaciones oportunísticas, pero siempre convergían a sus_viviendas junto a los canchal es, incluyendo el acceso a la Cordillera _de la Costa y<:'- las pampas interiores donde se han reconocido sus refugios pircados que no debieron ser diferentes a aquellos que constituían sus campamentos-base junto al litoral. D~~de estos talleres donde se realizaban labores muy exped1t1vas, trasladaban a la costa las materias primas medianamente percutidas las que darían lugar, finalmente, a los grandes cuchillos y puntas de proyectiles bifaciales, que fueran usados durante estos tiempos a lo largo del litoral. Por los 5.000 años AP un hecho constructivo inédito ocurrió en la costa desértica. Se abandonó la idea de levantar recintos dispersos o no aglomerados junto a los espacios públicos, principalmente en los conchales, dando lugar ~, una programación arquitectónica a travé~ ~e la construccIon de viviendas subcirculares con muros solidos, muy cerca unas LJ n I v e ~ < d a d C a , ó I e ~ d r I N l r t e 08 de otras y a veces apegadas, rodeando patios eriazos u~ilizados para sus prácticas ~omésticas. Cierta~_ente, a partI! .~e los estudios de Capdev1lle (1 921) en los sItI0~ que lla'!lo ge_~te de los círculos", se han reconocido asentamientos mas proluos y permanentes, tan complejos que algunos se presentan como pequeñas aldeas (Contreras et al 2007; Contreras y Núñez 2008; Núñez 1984). Se trata de los pescadores de la fase Huelén (5.500-3.780 años AP), quienes perfeccionaron su organización social y económi~a a través del levan~amiento de viviendas interfamiliares Junto a los espacios muy productivos. Allí iniciaron la inhumación de sus an~estros bajo el piso residencial, bien,sellado con un Pé:1~Imento cementado, como señal inequ1voca de que han f1Jado sus actividades ahora semisedentarias, viviendo junto con los antepasado~ fallecidos; han acentuado su pertene~cia_ a ese espacio habitado. Por otro lado, este hecho md1c~ la sacralización del asentamiento, ya que los seres fallecidos establecían vínculos de protección ante las rogativas de los vivos, planteadas durante los festines que se llevabé!,n_ a cabo en los espacios públicos localizados frente a las v1v1endas. Un sinnúmero de estos asentamientos se ha localizado desde Taltal hasta la desembocadura del río Loa (Capdeville 1921; Latcham 1938; Núñez y Contreras 2009; Bustos 1974; Schaedel 1957). Precisamente, el asentamiento Huelén-42 representa bien esta fase a través de la disposición de 75 a l 00 estructuras habitacibnales subcirculares que asemejan una "aldea incipiente", cuyas fundaciones fue~o~ soc~vadas en ~a base estéril para lograr un mayor espacio interior, preparandose un piso básico bien consolidad~ por una c~pa cementada. A lo largo del tiempo de ocupacIon se logro un~ ver~~dera superposición de pisos, en~re _los c~ales se ~an 1dent1f1cado residuos de actividades domesticas e inhumaciones de cuerpos extendidos junto a sus ofrendas .. Este _concepto de res!dencia, en la que se alojan los vivos al interior ~e una arquitectura sólida al mismo tiempo en que se deposita los antepasados, da cuenta de un culto innovador que tiene que ver con una pertenencia territorial, en la que la vida cotidiana se separa entre el mundo interior de la vivienda, donde "viven" bajo tierra los difuntos, con los cuales se interactúa directamente, y un mundo exterior, dond~_ocurrirían las me_riendas diarias y los festines colectivo~ (Nunez et é!,I l 97~; D1etler y _H_é!;yden 2001 ). Esta sacralizacion del espacio hab!tado PE:rmItI0 gue algunas viviendas fueran cub_iertas C?n res19uos alimentarios, mientras que otras, construidas mas tard1amente, exponen sus cabezales de muro en la superficie del sitio. Se trata de recintos armados con bloques verticales que se empotran en el suelo estéril y compacto, el cual ha sido socavado, conformando en algunos casos depresiones ~orno ~odegas. Sobre esta hilada de bloques apegados entre sI, const1tuye~do una estructura ovalada o subcircular, coronaron laJas horizontales orientadas a estabilizar la estructura, con el apoyo externo de re~id_uos orgáni~?S que le daban mayor resistencia al muro principal, conteniendolo desde ~I e~~erior. Un aspecto tecnológico trasce_ndental fue la ~pl1cac1on de una pasta aglutinante confeccionada con cenizas de ~lgas marinas secas, arena y agua de mar. Se tratad~ u~a variedad de cemento que logró fijar las estructuras hab1tac1onales, de

~uturo d P. 1 o s 1 n g 8 r 8 r o s r.orstructores • h O A n o s , 1 íl R 1 él O 1 1 Plano del asentamiento de pescadores y mariscadores Huelén-42 (desembocadura del río Loa), asociado a actividades - -e semisedentarias, datado a los 5. 500 a 3.180 AP. Este patrón arquitectónico fue común entre Taita/ y la desembocadura del río Loa (Archivo del autor). tal manera que hasta hoy se mantienen consolidadas algunas, a pesar de que este asentamiento comenzó a ocuparse por los 4. 780 años AP y se mantuvo en uso pleno, cuando se inhumaban los cuerpos bajo los pisos, en los 3. 780 años AP. Es muy posible que este asentamiento haya sido utilizado por algo más que 1.500 años, cumpliendo un rol integrador al concentrar a diversas fuerzas de tarea que, una vez agotada la luz diurna, retornaban a su centro habitacional. Detalle del interior de una estructura ' - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -e habitacional del asentamiento Huelén-42 : (Archivo del autor). 09 L n v e r s I d a a C d t o 1 1 e a d e 1 \1 o r " e

o, Constructores C vi es cimentaron el 10 Un aspecto importante radica aquí en las exploraciones que realizaron hacia la Cordillera de la Costa y aun al valle de Quillagua, por cuanto se ha registrado largos troncos de cactáceas y vainas de algarrobo, lo que significa que más de algún madero de este árbol fue aplicado en la arquitectura de techumbre y postes de sustentación. Se sabe con certeza que las puertas de las viviendas en Huelén-42 solían representar una forma ovalada, puesto que en su base se advierte un modelado algo curvo y levemente elevado sobre el nivel del suelo, como el principio de aquellas puertas de los camarotes de barcos, dispuestas algo altas para el escurrimiento de las aguas. Un principio como éste, en relación a las aguas de lluvias, podría justificar esta solución constructiva. En un caso se observó claramente el empotramiento de dos troncos de cardón en ambos umbrales de la puerta. Esto significa que es muy posible que haya existido un par de troncos en el sector opuesto de la puerta. Como se sabe que estos cardones elegidos rematan en "v'', podría decirse que estos cuatro horcones sostuvieron un par de vigas, constituidas también de troncos alargados de cardón, sobre los cuales descendieron hacia los cabezales de muros, vigas laterales similares, lo que constituiría una trama suficiente para ser cubierta con cueros de lobos marinos, ramas y posiblemente alguna argamasa aglutinante. Otro asentamiento complejo de la fase Huelén se denomina Los Bronces-1 , ubicado al sur de Tal tal, datado por los 5. 35 O a 4.31 O años AP, con los mismos atributos constructivos y ritualísticos de Huelén-42 (Contreras y Núñez 2008). Más asentamientos de esta naturaleza, posiblemente algo más tardíos, se sitúan en Cobija, Mejillones y Punta Guasilla, fechados entre los 3.500 a 3.000 años años AP (Llagostera 2005). Este conjunto de asentamientos complejos viene a demostrar que durante la fase Huelén existió una notable especialización en las técnicas y oficios para optimizar la producción del mar, en momentos en que la carga demográfica no era tan intensa, y por ello estos asentamientos podían distribuirse con bastante estabilidad en aquellos focos más productivos. Esto habría estimulado un régimen de excedentes, cuyos bienes eran circulados hacia los valles cercanos, cuando los pescadores arcaicos aún no entraban en contacto con los pueblos formativos agroganaderos del interior. En este sentido, las conexiones con el valle, hacia los algarrobales de Quillagua, pudieron incluso significar que algunos de estos grupos costeños practicaran un patrón de doble residencia entre los espacios fértiles interiores y la costa propiamente tal. No existe por ahora una explicación razonable para entender cómo se lo~ró estandarizar este modelo constructivo, en el que la nocion de vivienda, como una respuesta de protección artificial, se haya logrado en un contexto semisedentario al interior de una propuesta arquitectónica pesada. Es decir, con estructuras habitacionales de uso estable y hechas para mantenerse en el tiempo, bajo una orientación que supera la idea de un campamento por una más cercana a un caserío. Al respecto se sabe que por esta misma época los cazadoresrecolectores de la fase Puripica-Tulán se encuentran construyendo asentamientos muy similares en el sureste de

40 uturo de los lnger eros Corstructores • 50 Anos, 1961 2 O 1 1 San Pedro de Atacama, y por cuanto se han registrado petroglifos, plumas de aves y obsidiana en Huelén-42, similares a los correspondientes a la fase circumpuneña referida, todo hace suponer que existían vínculos de interacción durante un tiempo de sequias en el interior y que, tal vez, esta modalidad constructiva fue compartida tanto en la costa como en las tierras altas, en un periodo en que surgían en ambas partes experiencias de vida semisedentaria, anteriores a la expansión de las prácticas ganaderas y agrícolas. Después de la fase Huelén se desarrollaron intensos poblamientos en la costa de Taltal, Paposo, Cerro Moreno/Abtao, Cobija, boca del Loa y otros dedicados a la producción excedentaria (Núñez 1984; Castelleti 2007). Se perfeccionaron los medios de producción incorporando el uso del cobre para la fabricación de anzuelos y cabeceras de arpones. Se popularizó el uso de las balsas confeccionadas de cuero de lobo inflado para lograr la explotación de recursos al interior de las caletas y roqueríos productivos que permitía alcanzar a los cardúmenes y grandes peces de alta mar y, también, el traslado de un campamento de un lugar a otro. Se nota que existe una gran demanda de los productos costeros, especialmente de los alimentos tratados con técnica de secado y salado. Son los tiempos en que la población aplica una estrategia para distribuir sus agrupaciones de menor escala demográfica buscando cubrir un mayor espacio de explotación, generándose así un ambiente de prestigio económico que abrió mejores expectativas para los intercambios con los pueblos del interior (Llagostera 1993 ; Núñez 1986; Salazar et al 2009). Estamos hablando de los tiempos formativos, cuando la sociedad ha dado un vuelco hacia formas más complejas de vida en los oasis agrarios interiores, repercutiendo en la costa. En efecto, son los propios costeños los que cargan a la espalda sus excedentes hacia Quillagua u otros "puertos" interiores de intercambio (Cases et al 2008). Por otro lado, los grupos protocaravaneros, de la fase Tilocalar, descendían con sus llamas cargadas, trasladando productos domésticos y de privilegio, como cuentas de turquesa, carne seca, cerámica, metalurgia, ganado en pie, alucinógenos y algunos productos agrícolas: maíz y quinua, cuyas evidencias fueron halladas en sitios arqueológicos de la costa. Se trata de un momento cuando los contactos con los pueblos del interior comienzan a incrementarse y hasta se podría esperar que desde los 3.000 a los 2.000 años AP se inicie la intensificación de las conexiones entre los aldeanos de las cuencas del Loa y Atacama y los costeños propiamente tales. Se esperaría, en consecuencia, y de acuerdo a una visión unilineal, el surgimiento de aldeas más complejas en la costa; sin embargo, otro hecho también sorprendente ocurrió con la construcción de los asentamientos durante estos tiempos formativos. No se repitió ni se perfeccionó el modelo de caseríos semisedentarios de la precedente fase Huelén. Por el contrario, se organizaron múltiples campamentos, sumamente dispersos, con soluciones constructivas simples, a modo de tolderíos sostenidos con muros muy bajos; era una ocasión en que la energía humana estuvo más dedicada a la producción de excedentes que al levantamiento de asentamientos complejos de larga duración. Por tratarse de microasentamientos expeditivos y competitivos que comparten espacios productivos comunes para tareas específicas (Castelleti 2007), no ocurrió tanta concentración como antes y ya no se confi~uran los grandes montículos de desperdicios o conchales. Mas bien, retornaban a los campamentos-base, donde situaron sus cementerios y donde se mantuvo el culto a los ancestros, pero esta vez en los espacios abiertos fuera de las viviendas. Es tal la intensificación de la producción, que las agrupaciones interfamiliares advierten que los asentamientos como caseríos los restringían a un espacio muy acotado. Ahora eran los tiempos para desplazarse por vía terrestre y marítima hacia espacios no intervenidos o a sectores en los que, excepcionalmente, se concentraban recursos cuantiosos, tal como ocurría durante las varazones de pescados. En este nuevo marco de intereses socioeconómicos, los campamentos transportables o aquellos Pervivencia de los pescadores changos durante la colonia, arponeando peces desde la balsa de cuero de lobo inflable, práctica común en la costa de Antofagasta (D 'Orbigny 1830). de uso redundante, al interior de un circuito de campamentos secundarios eran, en el fondo, una respuesta adaptativa mucho más eficiente que los hábitats semisedentarios. Los pescadores de la fase Cobija, si bien se desplazaban a lo largo de la costa a través de agrupaciones interfamiliares, siguieron enfatizando el culto a los antepasados, aplicando un gran despliegue de energía humana, no tanto en la construcción de sus hábitats, sino en la disposición de sus difuntos bajo grandes túmulos. Estas poblaciones con túmulos funerarios preparados con argamasa, conchillas y agua salada 11 L,n vcrs1dad Cutol1ca del '\Jorte

e o n a fuErza del pasado os Constructores C vi es cimentaron el o por acumulamiento de sedimentos, demuestran la importancia del ritual en torno a las inhumaciones que se han datado entre los 2.270 y los 1.600 años AP en la localidad de Cobija, y entre los 2.320 y los 1.130 años AP en la desembocadura del río Loa (Moragas 1982; Núñez et al 1974). Es importante destacar que entre los túmulos de Cobija, en las inhumaciones individuales se ofrendaron grandes horcones de troncos de cardones, junto con estacas que darían cuenta de un hecho muy simbólico, el cual es proporcionar a los deudos en la otra vida, la materialidad más utilizada para la construcción de sus tolderías: los postes horquillados que eran de suma importancia. Esto significa que durante los tiempos formativos comienza a distribuirse en la costa desértica un estilo de vida restringido a pequeños campamentos que cubrían mejor un mayor espacio posible con opciones productivas alternativas. Esta forma de vivir parece haber persistido durante los últimos siglos de la secuencia prehispánica, cuando pequeños agrupamientos de viviendas, algunas separadas entre sí, junto a sus residuos en conchales extendidos y de poca profundidad, se centraban en espacios públicos dedicados a las tareas domésticas. Existen pocos registros arqueológicos para dilucidar cómo eran estos campamentos, de tal modo que los datos etnohistóricos descritos por los primeros europeos y viajeros resultan ser importantes. U n I v e ~ E d a d e, a , o e~ drl Ní'rte 12 Asentamiento chango en Cachinal de la Costa al norte de Antofagasta, donde se observan un toldo desarmado, una tienda de campaña y un recinto pircado, ocupado a mediados del siglo XIX (Phi/ippi 1860). Al evaluar la secuencia de las ocupaciones costeras, uno de los problemas constructivos más cruciales consistió en la escasa disposición de recursos materiales adecuados o exigidos de acuerdo al medio ambiente y a los criterios culturales locales. Existe un principio según el cual, a mayor antigüedad de la sociedad, menor es la utilización de complejos modos de construir los hábitats. Por el contrario, mientras más avanzados son los ajustes adaptativos, surgirían asentamientos más complejos. Se lograría una mayor capacidad de traslado de materiales al espacio seleccionado, con independencia donde éstos se encontraran. Se entiende que, por el carácter de indispensable de la materialidad para levantar viviendas, ya existirían tecnologías para apropiarse de ella y trasladarla, por lo que gradualmente deberían recoger actos cada vez más sofisticados. En este sentido, durante el tiempo prehispánico esta costa desértica aparentemente no tenía los recursos constructivos necesarios, tanto es así que inicialmente la vida se recogió en abrigos bajo rocas y pircados muy simples. Sin embargo, las fuentes arqueológicas y etnohistóricas demuestran que se manipularon todos los recursos posibles: maderos de árboles freatófitos, rocas en bloques naturales, rodados de

"uturo de los lnger eros Corstructores • 50 Anos, 1961 2 O 1 1 playas, huesos de cetáceos, troncos de cardones, cueros de lobo, ramas y argamasa utilizada como mortero para la adhesión de las estructuras. Dada la lejanía del valle del Loa, donde se proveía de maderas duras, esta materialidad era deficitaria, aunque sí estaba presente, como efectivamente ocurrió, para la confección de mangos de instrumentos manuales y remos. Todo hace suponer que algunos postes y vigas rudimentarias pudieron ser elaborados de troncos de algarrobo, molle o chañar. Sin embargo, parece ser cierto que no existía una buena tecnología para proveerse de maderos alargados, tal como se requería para la confección de remos de doble pala o para porta-arpones. Las piezas cilíndricas se tallaban en dos secciones que remataban en cortes oblicuos, atados con cuero de lobo en su sección medial para conformar una sola pieza. Por todo lo anterior, los troncos de cardones cortados en las altas cumbres de la Cordillera de la Costa, fueron el material más comúnmente utilizado como horcones y travesaños, tal como lo hacían los pescadores de la fase Huelén. Por otro lado, los viajeros europeos observaron la utilización de costillas de grandes cetáceos para el levantamiento de los tolderíos de uso ocasional; está probado que los changos explotaban cachalotes y los consumían en comidas colectivas, y aunque la presencia de estos grandes mamíferos era escasa, se acercaban al litoral con cierta periodicidad (Cañete y Domínguez 1787). En el litoral, los afloramientos de rocas ígneas, cuya fragmentación es común, estaban al alcance de las ocupaciones humanas, tanto en las terrazas como al pie del acantilado, de tal manera que la técnica del pircado fue aplicada frecuentemente, incluyendo los rodados de las playas. Sus muros resultan ser muy simples cuando conforman una hilada superficial para sostener los postes de los tolderíos. Otra técnica más compleja radicó en el empotramiento de bloques más pesados y verticales en la matriz compacta del suelo, con otros puestos horizontalmente en la parte superior para lograr una mayor estabilidad de las estructuras. En algunos casos las viviendas fueron socavadas en su interior para ampliar la zona del refugio. Otras estructuras eran más irregulares, como un apilamiento de bloques a modo de pircas secas sin adherentes. Una técnica más reciente fue aquella compuesta de dos paredes unidas en su interior por la argamasa aglutinante antes descrita. Esto significa que las viviendas en el litoral responden a funciones muy específicas que tienen que ver con protección contra el viento, refugios nocturnos y para las prácticas domésticas, poniendo énfasis en el control del viento y del sol, puesto que en general las temperaturas no son hostiles. De acuerdo al medio marítimo, las actividades domésticas utilizaron más los espacios públicos y abiertos. De esta manera, se habrían desarrollado por esta época tardía campamentos-base en torno a las caletas más productivas, y otros menores que se desplazaban a través de las prácticas de pesquerías, cacerías y recolección, hasta el punto que los tolderíos preparados con coberturas de cuero de lobo eran transportados con las balsas de un hábitat al otro y, quizás, por ser este material tan útil tanto para sus balsas como para sus refugios, era considerado "todo su tesoro" (Cañete y Domínguez 1787:270). Tanto los primeros europeos como los investigadores pioneros observaron los vestigios de los asentamientos costeros, y por tratarse de pueblos pescadores y cazadores que merodeaban tras la colecta de mariscos, tan distintos a los agricultores y ganaderos del interior, fueron segregados y llamados Uros, por su aspecto empobrecido, como aquellos también marginados, que pescaban en el lago Titicaca. Ciertamente, las ropas tejidas y toda la parafernalia de los pueblos agricultores y ganaderos, aquí en la costa no tenían sentido ni menos su funcionalidad, aunque el masticado de coca sí se difundió por todo el litoral hasta tiempos históricos. Para los europeos que habían convivido con los pueblos atacameños, constructores por excelencia, todos los que practicaban actividades incivilizadas en la costa, es decir, los changos y camanchacos como fueron nominados, eran bárbaros al borde de las formas más primitivas del mundo andino de esa época (Vásquez de Espinosa 1969[1628-29]; Uhle 1922; Latcham 1938). De hecho, quienes habían reconocido las fortalezas atacameñas levantadas en pendientes abruptas, en aterrazamientos nivelados y vías de acceso al interior de muros defensivos periféricos, rodeados de valles tan fértiles como los de España, el enfrentarse a los campamentos changos debió implicar una imagen deprimente. Se dice que se cubrían el cuerpo de grasa y aceite de lobos y cetáceos para evitar el frío de los buceos y, al beber el líquido potable de los erizos, con sus cuerpos enrojecidos por la tintura de ese brebaje, fueron criticadospor beber sangre de los lobos marinos .. . En verdad podría decirse que fueron afectados por un desprestigio visual y mediático a juzgar por las descripciones en las crónicas de la época. La arquitectura y su constructividad asociada fue parte sustancial de esta mera campaña de deslegitimización, cuyo fin último parece ser la manipulación de la sociedad indígena, puesta al servicio de la evangelización para extirpar tanta idolatría, dado que hasta fueron tratados de hechiceros ... Bajo esta violenta subordinación debieron transitar al vasallaje como mano de obra de los españoles quienes, para ampliar la producción de pescado seco, trasportado esta vez a los mercados del altiplano, principalmente hacia la ciudad de Potosí, una de las más prósperas del mundo, sustentada en la explotación de la plata, arrendaron las caletas con sus habitantes incluidos (Martínez 1985; Sanhueza 1992). Visto así, esta costa tan árida, sin aldeas, con economías arcaicas, fue rotulada por los españoles como incivilizada, puesto gue el grado del manejo constructivo era la vara con que median los logros culturales de las sociedades autóctonas. En este sentido, la lógica comparativa era obvia. La ciudad del Cuzco era ciertamente reconocida como la capital del imperio dominado, construida con un programa monumental admisible desde la visión de los invasores. Hecha así para siempre, perpetuándose como las ciudades españolas, y sobre su plano se impuso precisamente el modelo español con sus iglesias levantadas encima de los templos incaicos. Qué duda cabe sobre el desprecio europeo por esta no-arquitectura de los changos, situada en uno de los rincones más inhóspitos del mundo andino, donde sólo el atraso podría explicar esta aparente inferioridad constructiva. 13 Ln vcrs1dad Cdtol1ca dE1I \lar.e

a s a d o loe; Construc+;ores C v1 es cimentaron el De acuerdo al corsario inglés, Sir R. Hawkins, al pasar por la caleta de la Chimba observa que los changos, a pesar de ser segregados, estaban habituados a dominar los avatares marinos. Escribió que: " ... eran nativos de Morro Moreno, y los más brutos que hasta ahora había visto, excepto que tenían forma humana y lenguaje, parecían estar exentos de aquello que pertenece a hombres racionales. Eran nadadores expertos, pero a la manera de los perros de aguas, se zambullen y permanecen bajo el agua un largo tiempo y tragan agua de mar, como si fuese agua fresca de un río. Si no los viese uno, difícilmente lo creería como continúan en el mar, como si fuesen sirenas y el mar su elemento natural" (Bittmann 1982 Ms). Esta imagen contradictoria de brutos pero eficientes en el mar se reitera en otro filibustero también a la orden de la corona inglesa, quien se acercó a ellos en su hábitat, efectivamente visto como un campamento liviano. Los describe por el siglo XVIII, como: "... gente muy simple y viven en forma extraordinariamente salvaje: nos llevaron a su caserío ... donde vimos a sus mujeres y sus viviendas que no son nada más que cinco o seis palos cruzados, que descansan sobre dos palos horquillados clavados en el suelo y unas pocas ramas encima" (Bittmann 1982 Ms). Este dato es revelador en cuanto el toldo se levantaría enterrando dos horcones en el eje del recinto, de acuerdo al largo que se estime, probablemente no más allá de 3 m. Sobre la horquilla superior en "v" se disponía un travesaño horizontal, configurando un "arco" o portal, donde se fijaban los seis palos cruzados inclinados que sostenían la cobertura techada de cueros de lobos o de ramas. Esta práctica entre los changos persistió aún a mitad del siglo XIX, cuando Philippi (1 860) los dibujó en Paposo, donde el toldería se levantó con similares horcones y varas horizontales que dan lugar a carpas preparadas con telas que parecen ser restos de velas en desuso o telas tejidas fijadas al suelo bajo el apilamiento de bloques. Se advierten dos cobijos casi vacíos, por cuanto los hombres se encontrarían en labores fuera del campamento; situado en la periferia del pueblo, muestra una arquitectura formal europea de techo en mojinete y muros periféricos. Sólo dos mujeres con niños junto a cántaros darían cuenta de ciertas actividades domésticas fuera del toldería, asociadas estas a la crianza de caprinos incorporados por los vecinos europeos. Al respecto, sus observaciones confirman el carácter liviano y dinámico de los asentamientos changos en el área de Paposo: "Cerca de nuestro toldo había muchos ranchos de changos. Nada es más sencillo que un tal rancho. Se fijan en el suelo cuatro costillas de ballena o troncos de quisco, apenas del alto de seis pies, y se echan encima cueros de cabras, de lobos marinos, velas viejas, harapos y aun sólo algas secas, y la casa está hecha. Por supuesto no hay en el interior ni sillas, ni mesas, ni catres; el estómago de un lobo sirve para guardar el agua, unas pocas ollas y una artesa completan el ajuar de casa. Esta gente se alimenta principalmente de mariscos, de concholepas, patella, fissurella, chitón, de pescado, carne de cabra, leche y huevos; el trigo, maíz y harina son una gran rareza. Se visten como en las ciudades, las mujeres tienen vestidos de algodón, zapatillas, zarcillos, sortijas; hablan muy bien el castellano y han olvidado enteramente su propio idioma" (Philippi 1860:19).

~uturo de los lnger eros r.orstructores • ~O Anos, 1ílR1 2 O 1 1 Pareja de changos con vestimentas modernas en Paposo junto a una caleta con balsas de cuero de lobo, a mediados del siglo XIX (Philippi 1860). Muy cerca hacia el sur de Paposo, junto a un atracadero de embarcaciones, identifico veinte casas de changos, confirmando la dispersión de los asentamientos. En este sentido, tanto la arquitectura más estable como los tolderíos fueron vistos en el mismo Paposo: "Una pirca cuadrada encierra los edificios y tiene dos aberturas una en el norte, otra en el sur. En el lado del sur tiene dos aposentos hechos de tablas; en el uno vivían los mayordomos .. . en seguida venía un espacio techado donde colocamos nuestro equipaje, sillas etc., y un cuarto construido en piedra donde vivían unas mujeres. En el lado del oriente había dos cuartos hechos de pircas, que servían de almacén, y un corral. En el lado del norte había una ramada, habitación de un peón muy viejo, y otra ramada que servía de cocina. El lado del poniente no tenía aposentos, pero había allí una mandíbula de ballena fijada en el suelo para amarrar en ella bueyes, mulas, etc. Los techos son hechos de la paja de la mostaza negra que abunda en los cerros, cubierta de barro. A unos pocos pasos de estas habitaciones había una pequeña capilla y un cuarto para habitación del sacerdote, ambos hechos de tablas ... El próximo rancho de chango se halla a distancia de medio cuarto de legua... He descrito este cortijo con tanta prolijidad, porque se cree generalmente que el Paposo es un pueblecito" (Philippi 1860:22). Es importante destacar la diferencia que existía entre la arquitectura de tablas y de pircas que daba lugar a un caserío, de los tolderíos propiamente changos. Las instalaciones más permanentes de tablas se fijaban donde vivían los funcionarios o mayordomos y todo aquel que no formaba parte de la sociedad indígena. Sin embargo, es muy posible que tanto los toldos como también los pircados predominaron en la construcción de los changos. Precisamente en una aguada, llamada Cachinal de la Costa, se puede identificar un tolderíochango que se apoya en un recinto pircado con patio abierto en forma de "L", incluyendo una tienda de campaña en forma de ''v'' invertida que ratifica la asociación entre tolderíos y cobijos más estables o amurallados. Aquí se establecían operaciones de intercambio entre los arrieros atacameños y los changos costeros. Estos arrieros trasladaban en mulas diversos bienes que eran intercambiados por pescado seco: coca, harina cruda, grasa, harina tostada, galletas, charqui, yerba y azúcar. Efectivamente, los atacameños descendían hacia las aguadas costeras, donde instalaban sus campamentos, acarreando sus animales hacia el forraje de los cerros adyacentes. A través del trueque se proveían con los changos de congrios y mariscos secos que trasladaban hacia las provincias argentinas, acciones que eran variables cuando los changos se dedicaban más a las labores mineras, situación que los incentivaba aun más a desplazarse a través de campamentos móviles (Philippi 1860). En suma, este naturalista alemán detectó aproximadamente 500 habitantes changos : "Hombres y mujeres viven separados la mayor parte del año, dedicados los primeros a la pesca o a los trabajos de mina, y ocupadas las otras en apacentar sus cabras, moviéndose continuamente de un lugar a otros según encuentran pasto y agua. En invierno cuando la mar embravecida no permite la pesca, los hombres van a cazar los guanacos ... Los hijos quedan con las madres, hasta que los varones tienen suficiente edad para asociarse a los trabajos de los hombres" (Philippi 1860:36). Imágenes grabadas por Philippi dan cuenta de la sociedad changa y sus construcciones, a mediados del siglo XIX, cuando los cambios aculturativos se observan en el uso de vestimentas con influencia europea, aunque persiste la navegación en balsas de ancestros prehispánicos. 15 Ln vors1daa Cdtol1ca del '\lar.e

e o n a f.Jerza del pasado os Construc+;ores C v1 es cimentaron el En cuanto a la idea de vivienda tal como lo perciben los pueblos sedentarios de los valles agrícolas, la que necesariamente debe responder a múltiples funciones intramuro, no era necesaria en el litoral. Todos los esfuerzos tecnológicos se abocaron a explotar, en primer lugar, los recursos de las orillas pasando luego, gradualmente, a introducirse en alta mar tras los cardúmenes con mayor potencial, así como el traslado por vía marítima a otras caletas, vertientes y sectores ocasionalmente más ricos que otras en fuentes alimentarias. Paralelamente, lograron perfeccionar los medios de producción, orientados a generar una cultura marina sustentada en la especialización de oficios: 'Todos no matan lobos, sino los que los usan y no usan otra pesquería sino matar lobos y comer la carne y de los cueros hacer balsas para sí y para vender" (Bibar 1966[1558]). Se practicó una división social del trabajo, así como la propia del género. Esto significó que algunos eran los más indicados para extraer pulpos, otros para bucear. Se suman los balseros, arponeadores de peces mayores, recolectores de mariscos, pescadores de congrios, secadores y saladores de pescados, entre otras labores. Se logró controlar la explotación del guano de aves usado como abono y que luego era trasladado a los valles fértiles, porque: "... produce en la tierra el calor más eficaz para mejorar su virtud" (Cañete y Domínguez l 787:265). Se suma la explotación del cobre nativo, la caza de camélidos silvestres, la recolección de vegetales de la Cordillera de la Costa, todo ello a través de instrumentos que demuestran una enorme diversidad de funciones: anzuelos, arpones de madera y de hueso, chapes para despegar y desconchar mariscos, plomadas, pateras, arcos, equipo de navegación, bolsas-redes, flotadores de cabeceras de arpones, cordelería de tientos de cuero de lobos, sedales, propulsores, dardos, contenedores de agua en depósitos orgánicos, puntas de arpones, cuchillos y depósitos para contener agua de las neblinas, entre otros. Se incluyen las actividades de aquellos que mantenían los campamentos y preparaban los alimentos. Este despliegue de actividades y producción de artefactos especializados permitió acumular excedentes de bienes domésticos y de estatus muy requeridos por los pueblos agroganaderos del interior: guano, conchas, pescado y mariscos secos y salados, estrellas de mar, agua de mar con fines ritualís,ticos, estableciéndose intensas prácticas de intercambio. Estas fueron muy importantes por la recepción de cueros de camélidos domésticos, lanas, textiles, tiestos cerámicos, alucinógenos, coca, maíces, carne seca o charqueada, harinas de algarrobo, metales, llamas en pie, etc. No es mucho lo que se sabe sobre sus actos rituales que no fueran acogidos a nivel de intramuro en los últimos siglos prehispánicos. Optaron por organizar sus cementerios cerca de sus campamentos. En términos colectivos existen sitios sacralizados con arte rupestre, particularmente grabados y pictografías con diseños muy realistas de aves, balsas, cazadores de cetáceos, camélidos y peces mayores, localizados en lugares donde se llevaron a cabo ceremonias específicas, tal vez rogativas ante la Mamacocha para recibir más beneficios del mar. En este sentido, los cronistas coinciden en señalar que en los veranos ocurrían hechos "sobrenaturales", en LJn1ve"E dad Ca,ó N J r t e 16 cuanto se reiteraban las varazones de peces que, presionados por grandes cardúmenes de peces voraces, por lobos y aves, eran arrinconados en las caletas hasta arrojarlos en las arenas; eran las "manchas" de sardinas. A lo largo de grandes extensiones de playas se aglomeraban los peces que podrían capturarse con las manos. Por otro lado, roqueríos cubiertos gradualmente de bancadas de arena permitían una gran concentración de mariscos que debían agruparse entre sí. Una vez que los islotes se colmataban de arena, se desprendían en grandes balones que, finalmente, se varaban en la playa, recolectándose con gran facilidad. Los mariscos descompuestos no utilizados servían como alimento para la alta concentración de peces que así eran fácilmente capturados. Estas operaciones oportunas, percibidas como el efecto de sus rogativas, rápidamente les enseñaron sobre la urgente creación de técnicas de conservación con la aplicación de sal, que alcanzaron a productos tan particulares como los ostiones o mejillones locales: "que se venden para comer" (Cañete y Domínguez 1787:267). Sin embargo, pareciera que hubo una especialización en la pesca del congrio con sedal y anzuelo, orientada a preparar un charqui salado a lo largo de la costa desértica: " ... porque aquellos pescadores aparejan todo el pescado con tierra común sin necesidad de sal (sic), lo que me hace creer que toda aquella tierra es salitrosa" (Cañete y Domínguez l 787:279). Entre estos tolderías se mantuvo el modo de vida chango durante el régimen colonial hasta que a principios del siglo XIX se suscitaron grandes trasformaciones en el habitar del litoral, bajo situaciones de cambios republicanos que, por un lado aspiraban modernizar las conexiones con los mercados y capitales europeos interesados en la explotación del guano fertilizante, y por otro,deseaban el mejoramiento de la conexión entre el Pacífico y Potosí. Por esto, el incipiente Estado boliviano implementó mejor el puerto de Cobija, por el año 1825. Ha llegado la otra arquitectura, esta vez administrativa con más gentes foráneas; pero antes de los primeros muelles, estaba aún vigente la mano de obra changa, haciéndose cargo del cabotaje de los embarques con sus eficientes balsas inflables, precursoras de los actuales "zodiac". Ciertamente, en el puerto de Cobija vivían en el año l 82 5 sólo l 00 habitantes contactados con Potosí. En el año l 86 7 se sumaron 5.000 personas atraídas por la valoración de los recursos del litoral y, por supuesto, por la conexión comercial con las ciudades altiplánicas a base de bienes importados. Por el año 1866, en el sector de la Chimba, más reconocido como Peña Blanca, habitaban los changos más cercanos a la actual Antofagasta, en el entorno de las vertientes de la quebrada homónima y de aquella famosa del Cerro Moreno. Aquí llegará el pionero Juan López frente al islote y sus aguas mansas, donde levantará una "choza" que parece no fue muy distinta a aquellos tolderías changos. Las covaderas de guano y las primeras estacas salitreras, con una que otra mina de cobre costera, hacían en conjunto un foco atractivo para los primeros mineros y emprendedores que desembarcaban en la costa de Antofagasta donde, por carecer de instalaciones españolas, la vida era esencialmente changa.

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