La historia de la construcción en Antofagasta - La primera piedra

"uturo de los lnger eros Corstructores • 50 Anos, 1961 2 O 1 1 playas, huesos de cetáceos, troncos de cardones, cueros de lobo, ramas y argamasa utilizada como mortero para la adhesión de las estructuras. Dada la lejanía del valle del Loa, donde se proveía de maderas duras, esta materialidad era deficitaria, aunque sí estaba presente, como efectivamente ocurrió, para la confección de mangos de instrumentos manuales y remos. Todo hace suponer que algunos postes y vigas rudimentarias pudieron ser elaborados de troncos de algarrobo, molle o chañar. Sin embargo, parece ser cierto que no existía una buena tecnología para proveerse de maderos alargados, tal como se requería para la confección de remos de doble pala o para porta-arpones. Las piezas cilíndricas se tallaban en dos secciones que remataban en cortes oblicuos, atados con cuero de lobo en su sección medial para conformar una sola pieza. Por todo lo anterior, los troncos de cardones cortados en las altas cumbres de la Cordillera de la Costa, fueron el material más comúnmente utilizado como horcones y travesaños, tal como lo hacían los pescadores de la fase Huelén. Por otro lado, los viajeros europeos observaron la utilización de costillas de grandes cetáceos para el levantamiento de los tolderíos de uso ocasional; está probado que los changos explotaban cachalotes y los consumían en comidas colectivas, y aunque la presencia de estos grandes mamíferos era escasa, se acercaban al litoral con cierta periodicidad (Cañete y Domínguez 1787). En el litoral, los afloramientos de rocas ígneas, cuya fragmentación es común, estaban al alcance de las ocupaciones humanas, tanto en las terrazas como al pie del acantilado, de tal manera que la técnica del pircado fue aplicada frecuentemente, incluyendo los rodados de las playas. Sus muros resultan ser muy simples cuando conforman una hilada superficial para sostener los postes de los tolderíos. Otra técnica más compleja radicó en el empotramiento de bloques más pesados y verticales en la matriz compacta del suelo, con otros puestos horizontalmente en la parte superior para lograr una mayor estabilidad de las estructuras. En algunos casos las viviendas fueron socavadas en su interior para ampliar la zona del refugio. Otras estructuras eran más irregulares, como un apilamiento de bloques a modo de pircas secas sin adherentes. Una técnica más reciente fue aquella compuesta de dos paredes unidas en su interior por la argamasa aglutinante antes descrita. Esto significa que las viviendas en el litoral responden a funciones muy específicas que tienen que ver con protección contra el viento, refugios nocturnos y para las prácticas domésticas, poniendo énfasis en el control del viento y del sol, puesto que en general las temperaturas no son hostiles. De acuerdo al medio marítimo, las actividades domésticas utilizaron más los espacios públicos y abiertos. De esta manera, se habrían desarrollado por esta época tardía campamentos-base en torno a las caletas más productivas, y otros menores que se desplazaban a través de las prácticas de pesquerías, cacerías y recolección, hasta el punto que los tolderíos preparados con coberturas de cuero de lobo eran transportados con las balsas de un hábitat al otro y, quizás, por ser este material tan útil tanto para sus balsas como para sus refugios, era considerado "todo su tesoro" (Cañete y Domínguez 1787:270). Tanto los primeros europeos como los investigadores pioneros observaron los vestigios de los asentamientos costeros, y por tratarse de pueblos pescadores y cazadores que merodeaban tras la colecta de mariscos, tan distintos a los agricultores y ganaderos del interior, fueron segregados y llamados Uros, por su aspecto empobrecido, como aquellos también marginados, que pescaban en el lago Titicaca. Ciertamente, las ropas tejidas y toda la parafernalia de los pueblos agricultores y ganaderos, aquí en la costa no tenían sentido ni menos su funcionalidad, aunque el masticado de coca sí se difundió por todo el litoral hasta tiempos históricos. Para los europeos que habían convivido con los pueblos atacameños, constructores por excelencia, todos los que practicaban actividades incivilizadas en la costa, es decir, los changos y camanchacos como fueron nominados, eran bárbaros al borde de las formas más primitivas del mundo andino de esa época (Vásquez de Espinosa 1969[1628-29]; Uhle 1922; Latcham 1938). De hecho, quienes habían reconocido las fortalezas atacameñas levantadas en pendientes abruptas, en aterrazamientos nivelados y vías de acceso al interior de muros defensivos periféricos, rodeados de valles tan fértiles como los de España, el enfrentarse a los campamentos changos debió implicar una imagen deprimente. Se dice que se cubrían el cuerpo de grasa y aceite de lobos y cetáceos para evitar el frío de los buceos y, al beber el líquido potable de los erizos, con sus cuerpos enrojecidos por la tintura de ese brebaje, fueron criticadospor beber sangre de los lobos marinos .. . En verdad podría decirse que fueron afectados por un desprestigio visual y mediático a juzgar por las descripciones en las crónicas de la época. La arquitectura y su constructividad asociada fue parte sustancial de esta mera campaña de deslegitimización, cuyo fin último parece ser la manipulación de la sociedad indígena, puesta al servicio de la evangelización para extirpar tanta idolatría, dado que hasta fueron tratados de hechiceros ... Bajo esta violenta subordinación debieron transitar al vasallaje como mano de obra de los españoles quienes, para ampliar la producción de pescado seco, trasportado esta vez a los mercados del altiplano, principalmente hacia la ciudad de Potosí, una de las más prósperas del mundo, sustentada en la explotación de la plata, arrendaron las caletas con sus habitantes incluidos (Martínez 1985; Sanhueza 1992). Visto así, esta costa tan árida, sin aldeas, con economías arcaicas, fue rotulada por los españoles como incivilizada, puesto gue el grado del manejo constructivo era la vara con que median los logros culturales de las sociedades autóctonas. En este sentido, la lógica comparativa era obvia. La ciudad del Cuzco era ciertamente reconocida como la capital del imperio dominado, construida con un programa monumental admisible desde la visión de los invasores. Hecha así para siempre, perpetuándose como las ciudades españolas, y sobre su plano se impuso precisamente el modelo español con sus iglesias levantadas encima de los templos incaicos. Qué duda cabe sobre el desprecio europeo por esta no-arquitectura de los changos, situada en uno de los rincones más inhóspitos del mundo andino, donde sólo el atraso podría explicar esta aparente inferioridad constructiva. 13 Ln vcrs1dad Cdtol1ca dE1I \lar.e

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