a s a d o loe; Construc+;ores C v1 es cimentaron el De acuerdo al corsario inglés, Sir R. Hawkins, al pasar por la caleta de la Chimba observa que los changos, a pesar de ser segregados, estaban habituados a dominar los avatares marinos. Escribió que: " ... eran nativos de Morro Moreno, y los más brutos que hasta ahora había visto, excepto que tenían forma humana y lenguaje, parecían estar exentos de aquello que pertenece a hombres racionales. Eran nadadores expertos, pero a la manera de los perros de aguas, se zambullen y permanecen bajo el agua un largo tiempo y tragan agua de mar, como si fuese agua fresca de un río. Si no los viese uno, difícilmente lo creería como continúan en el mar, como si fuesen sirenas y el mar su elemento natural" (Bittmann 1982 Ms). Esta imagen contradictoria de brutos pero eficientes en el mar se reitera en otro filibustero también a la orden de la corona inglesa, quien se acercó a ellos en su hábitat, efectivamente visto como un campamento liviano. Los describe por el siglo XVIII, como: "... gente muy simple y viven en forma extraordinariamente salvaje: nos llevaron a su caserío ... donde vimos a sus mujeres y sus viviendas que no son nada más que cinco o seis palos cruzados, que descansan sobre dos palos horquillados clavados en el suelo y unas pocas ramas encima" (Bittmann 1982 Ms). Este dato es revelador en cuanto el toldo se levantaría enterrando dos horcones en el eje del recinto, de acuerdo al largo que se estime, probablemente no más allá de 3 m. Sobre la horquilla superior en "v" se disponía un travesaño horizontal, configurando un "arco" o portal, donde se fijaban los seis palos cruzados inclinados que sostenían la cobertura techada de cueros de lobos o de ramas. Esta práctica entre los changos persistió aún a mitad del siglo XIX, cuando Philippi (1 860) los dibujó en Paposo, donde el toldería se levantó con similares horcones y varas horizontales que dan lugar a carpas preparadas con telas que parecen ser restos de velas en desuso o telas tejidas fijadas al suelo bajo el apilamiento de bloques. Se advierten dos cobijos casi vacíos, por cuanto los hombres se encontrarían en labores fuera del campamento; situado en la periferia del pueblo, muestra una arquitectura formal europea de techo en mojinete y muros periféricos. Sólo dos mujeres con niños junto a cántaros darían cuenta de ciertas actividades domésticas fuera del toldería, asociadas estas a la crianza de caprinos incorporados por los vecinos europeos. Al respecto, sus observaciones confirman el carácter liviano y dinámico de los asentamientos changos en el área de Paposo: "Cerca de nuestro toldo había muchos ranchos de changos. Nada es más sencillo que un tal rancho. Se fijan en el suelo cuatro costillas de ballena o troncos de quisco, apenas del alto de seis pies, y se echan encima cueros de cabras, de lobos marinos, velas viejas, harapos y aun sólo algas secas, y la casa está hecha. Por supuesto no hay en el interior ni sillas, ni mesas, ni catres; el estómago de un lobo sirve para guardar el agua, unas pocas ollas y una artesa completan el ajuar de casa. Esta gente se alimenta principalmente de mariscos, de concholepas, patella, fissurella, chitón, de pescado, carne de cabra, leche y huevos; el trigo, maíz y harina son una gran rareza. Se visten como en las ciudades, las mujeres tienen vestidos de algodón, zapatillas, zarcillos, sortijas; hablan muy bien el castellano y han olvidado enteramente su propio idioma" (Philippi 1860:19).
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