~uturo de los lnger eros r.orstructores • ~O Anos, 1ílR1 2 O 1 1 Pareja de changos con vestimentas modernas en Paposo junto a una caleta con balsas de cuero de lobo, a mediados del siglo XIX (Philippi 1860). Muy cerca hacia el sur de Paposo, junto a un atracadero de embarcaciones, identifico veinte casas de changos, confirmando la dispersión de los asentamientos. En este sentido, tanto la arquitectura más estable como los tolderíos fueron vistos en el mismo Paposo: "Una pirca cuadrada encierra los edificios y tiene dos aberturas una en el norte, otra en el sur. En el lado del sur tiene dos aposentos hechos de tablas; en el uno vivían los mayordomos .. . en seguida venía un espacio techado donde colocamos nuestro equipaje, sillas etc., y un cuarto construido en piedra donde vivían unas mujeres. En el lado del oriente había dos cuartos hechos de pircas, que servían de almacén, y un corral. En el lado del norte había una ramada, habitación de un peón muy viejo, y otra ramada que servía de cocina. El lado del poniente no tenía aposentos, pero había allí una mandíbula de ballena fijada en el suelo para amarrar en ella bueyes, mulas, etc. Los techos son hechos de la paja de la mostaza negra que abunda en los cerros, cubierta de barro. A unos pocos pasos de estas habitaciones había una pequeña capilla y un cuarto para habitación del sacerdote, ambos hechos de tablas ... El próximo rancho de chango se halla a distancia de medio cuarto de legua... He descrito este cortijo con tanta prolijidad, porque se cree generalmente que el Paposo es un pueblecito" (Philippi 1860:22). Es importante destacar la diferencia que existía entre la arquitectura de tablas y de pircas que daba lugar a un caserío, de los tolderíos propiamente changos. Las instalaciones más permanentes de tablas se fijaban donde vivían los funcionarios o mayordomos y todo aquel que no formaba parte de la sociedad indígena. Sin embargo, es muy posible que tanto los toldos como también los pircados predominaron en la construcción de los changos. Precisamente en una aguada, llamada Cachinal de la Costa, se puede identificar un tolderíochango que se apoya en un recinto pircado con patio abierto en forma de "L", incluyendo una tienda de campaña en forma de ''v'' invertida que ratifica la asociación entre tolderíos y cobijos más estables o amurallados. Aquí se establecían operaciones de intercambio entre los arrieros atacameños y los changos costeros. Estos arrieros trasladaban en mulas diversos bienes que eran intercambiados por pescado seco: coca, harina cruda, grasa, harina tostada, galletas, charqui, yerba y azúcar. Efectivamente, los atacameños descendían hacia las aguadas costeras, donde instalaban sus campamentos, acarreando sus animales hacia el forraje de los cerros adyacentes. A través del trueque se proveían con los changos de congrios y mariscos secos que trasladaban hacia las provincias argentinas, acciones que eran variables cuando los changos se dedicaban más a las labores mineras, situación que los incentivaba aun más a desplazarse a través de campamentos móviles (Philippi 1860). En suma, este naturalista alemán detectó aproximadamente 500 habitantes changos : "Hombres y mujeres viven separados la mayor parte del año, dedicados los primeros a la pesca o a los trabajos de mina, y ocupadas las otras en apacentar sus cabras, moviéndose continuamente de un lugar a otros según encuentran pasto y agua. En invierno cuando la mar embravecida no permite la pesca, los hombres van a cazar los guanacos ... Los hijos quedan con las madres, hasta que los varones tienen suficiente edad para asociarse a los trabajos de los hombres" (Philippi 1860:36). Imágenes grabadas por Philippi dan cuenta de la sociedad changa y sus construcciones, a mediados del siglo XIX, cuando los cambios aculturativos se observan en el uso de vestimentas con influencia europea, aunque persiste la navegación en balsas de ancestros prehispánicos. 15 Ln vors1daa Cdtol1ca del '\lar.e
RkJQdWJsaXNoZXIy NjEyMzYz