La historia de la construcción en Antofagasta - La primera piedra

e o n a f.Jerza del pasado os Construc+;ores C v1 es cimentaron el En cuanto a la idea de vivienda tal como lo perciben los pueblos sedentarios de los valles agrícolas, la que necesariamente debe responder a múltiples funciones intramuro, no era necesaria en el litoral. Todos los esfuerzos tecnológicos se abocaron a explotar, en primer lugar, los recursos de las orillas pasando luego, gradualmente, a introducirse en alta mar tras los cardúmenes con mayor potencial, así como el traslado por vía marítima a otras caletas, vertientes y sectores ocasionalmente más ricos que otras en fuentes alimentarias. Paralelamente, lograron perfeccionar los medios de producción, orientados a generar una cultura marina sustentada en la especialización de oficios: 'Todos no matan lobos, sino los que los usan y no usan otra pesquería sino matar lobos y comer la carne y de los cueros hacer balsas para sí y para vender" (Bibar 1966[1558]). Se practicó una división social del trabajo, así como la propia del género. Esto significó que algunos eran los más indicados para extraer pulpos, otros para bucear. Se suman los balseros, arponeadores de peces mayores, recolectores de mariscos, pescadores de congrios, secadores y saladores de pescados, entre otras labores. Se logró controlar la explotación del guano de aves usado como abono y que luego era trasladado a los valles fértiles, porque: "... produce en la tierra el calor más eficaz para mejorar su virtud" (Cañete y Domínguez l 787:265). Se suma la explotación del cobre nativo, la caza de camélidos silvestres, la recolección de vegetales de la Cordillera de la Costa, todo ello a través de instrumentos que demuestran una enorme diversidad de funciones: anzuelos, arpones de madera y de hueso, chapes para despegar y desconchar mariscos, plomadas, pateras, arcos, equipo de navegación, bolsas-redes, flotadores de cabeceras de arpones, cordelería de tientos de cuero de lobos, sedales, propulsores, dardos, contenedores de agua en depósitos orgánicos, puntas de arpones, cuchillos y depósitos para contener agua de las neblinas, entre otros. Se incluyen las actividades de aquellos que mantenían los campamentos y preparaban los alimentos. Este despliegue de actividades y producción de artefactos especializados permitió acumular excedentes de bienes domésticos y de estatus muy requeridos por los pueblos agroganaderos del interior: guano, conchas, pescado y mariscos secos y salados, estrellas de mar, agua de mar con fines ritualís,ticos, estableciéndose intensas prácticas de intercambio. Estas fueron muy importantes por la recepción de cueros de camélidos domésticos, lanas, textiles, tiestos cerámicos, alucinógenos, coca, maíces, carne seca o charqueada, harinas de algarrobo, metales, llamas en pie, etc. No es mucho lo que se sabe sobre sus actos rituales que no fueran acogidos a nivel de intramuro en los últimos siglos prehispánicos. Optaron por organizar sus cementerios cerca de sus campamentos. En términos colectivos existen sitios sacralizados con arte rupestre, particularmente grabados y pictografías con diseños muy realistas de aves, balsas, cazadores de cetáceos, camélidos y peces mayores, localizados en lugares donde se llevaron a cabo ceremonias específicas, tal vez rogativas ante la Mamacocha para recibir más beneficios del mar. En este sentido, los cronistas coinciden en señalar que en los veranos ocurrían hechos "sobrenaturales", en LJn1ve"E dad Ca,ó N J r t e 16 cuanto se reiteraban las varazones de peces que, presionados por grandes cardúmenes de peces voraces, por lobos y aves, eran arrinconados en las caletas hasta arrojarlos en las arenas; eran las "manchas" de sardinas. A lo largo de grandes extensiones de playas se aglomeraban los peces que podrían capturarse con las manos. Por otro lado, roqueríos cubiertos gradualmente de bancadas de arena permitían una gran concentración de mariscos que debían agruparse entre sí. Una vez que los islotes se colmataban de arena, se desprendían en grandes balones que, finalmente, se varaban en la playa, recolectándose con gran facilidad. Los mariscos descompuestos no utilizados servían como alimento para la alta concentración de peces que así eran fácilmente capturados. Estas operaciones oportunas, percibidas como el efecto de sus rogativas, rápidamente les enseñaron sobre la urgente creación de técnicas de conservación con la aplicación de sal, que alcanzaron a productos tan particulares como los ostiones o mejillones locales: "que se venden para comer" (Cañete y Domínguez 1787:267). Sin embargo, pareciera que hubo una especialización en la pesca del congrio con sedal y anzuelo, orientada a preparar un charqui salado a lo largo de la costa desértica: " ... porque aquellos pescadores aparejan todo el pescado con tierra común sin necesidad de sal (sic), lo que me hace creer que toda aquella tierra es salitrosa" (Cañete y Domínguez l 787:279). Entre estos tolderías se mantuvo el modo de vida chango durante el régimen colonial hasta que a principios del siglo XIX se suscitaron grandes trasformaciones en el habitar del litoral, bajo situaciones de cambios republicanos que, por un lado aspiraban modernizar las conexiones con los mercados y capitales europeos interesados en la explotación del guano fertilizante, y por otro,deseaban el mejoramiento de la conexión entre el Pacífico y Potosí. Por esto, el incipiente Estado boliviano implementó mejor el puerto de Cobija, por el año 1825. Ha llegado la otra arquitectura, esta vez administrativa con más gentes foráneas; pero antes de los primeros muelles, estaba aún vigente la mano de obra changa, haciéndose cargo del cabotaje de los embarques con sus eficientes balsas inflables, precursoras de los actuales "zodiac". Ciertamente, en el puerto de Cobija vivían en el año l 82 5 sólo l 00 habitantes contactados con Potosí. En el año l 86 7 se sumaron 5.000 personas atraídas por la valoración de los recursos del litoral y, por supuesto, por la conexión comercial con las ciudades altiplánicas a base de bienes importados. Por el año 1866, en el sector de la Chimba, más reconocido como Peña Blanca, habitaban los changos más cercanos a la actual Antofagasta, en el entorno de las vertientes de la quebrada homónima y de aquella famosa del Cerro Moreno. Aquí llegará el pionero Juan López frente al islote y sus aguas mansas, donde levantará una "choza" que parece no fue muy distinta a aquellos tolderías changos. Las covaderas de guano y las primeras estacas salitreras, con una que otra mina de cobre costera, hacían en conjunto un foco atractivo para los primeros mineros y emprendedores que desembarcaban en la costa de Antofagasta donde, por carecer de instalaciones españolas, la vida era esencialmente changa.

RkJQdWJsaXNoZXIy NjEyMzYz