e o n a fJErza del pasado os Constructores C vi es cimentaron el transforma en satisfacción por la vida, entonces estamos hablando de trabajo forzado. El paréntesis de un tijeral es pues necesario para adornar la vida y, entre otras cosas importantísimas, para crear lazos espirituales y sociales imprescindibles. 3.- La fiesta tiene un lugar en el espacio y en el tiempo que le son propios. Según la tradición en la construcción, la fiesta del tijeral debe realizarse cuando esté colocada la techumbre de una edificación o cuando se termine la obra gruesa. Cumplido este objetivo se debe celebrar. Es hora de traspasar el tiempo cotidiano y penetrar en el tiempo de otra dimensión: La fiesta. Pero el tijeral se celebra en un espacio especial, un espacio delimitado por la "obra". Aún más, este espacio es "marcado" por una bandera chilena al tope. Esta es una señalización: "Zona de Tijerales". Es el símbolo manifiesto, el dar a conocer a la comunidad que allí se vive un instante especial, que se está en un microcosmos de rituales, en un terreno consagrado, donde muchas cosas están permitidas. La comunidad integrada por vecinos, e incluso por autoridades, se da por enterada y acepta este convencionalismo. 4.- La fiesta es exuberancia, es exaltación del espíritu. En ella el hombre olvida las ataduras de la vida diaria y se expresa tal como es, sin frenos. La fiesta es el campo de la espontaneidad. Allí el hombre "desafía la opresión de tanta estúpida norma y frialdad del anonimato urbano" (Mateos 1975:260). En una celebración de tijerales se aprecia, Hotel Antofagasta, década del cincuenta. Obra gruesa ya terminada. (Arch. C. Galeno) 4 En todas las culturas encontramos comportamientos míticos que invierten el orden normal rutinario. Por ejemplo, en un carnaval, el pobre se viste fastuosamente. Juega, tal vez, a negar la miseria. La misma observación es válida para los promesantes de los bailes religiosos de La Tirana. y no hay que reflexionar mucho para percatarse de que el "mundo se invierte" para las Fiestas Patrias, Año Nuevo e, incluso, en un particular cumpleaños. LJn1ve~r dad .,a,ó e~ drl NPrte marcadamente, esta característica. El trabajador y los jefes asumen roles diferentes al normal. Por una parte, el trabajador "juega" a que manda. El jefe acepta el juego y disfruta abiertamente los momentos. Pero también asume otros roles, como ya lo vimos. En general, atiende al trabajador. Y he aquí lo interesante: se vive un mundo al revés, se igualan las condiciones de los hombres. El comportamiento mítico es manifiesto y su similitud con las fiestas que se han celebrado a través de toda la historia, desde los primitivos, los egipcios, los griegos, los romanos, etc., es asombrosa4 • Pero sigamos adelante con las observaciones. La exuberancia también se manifiesta en otras conductas y, a través de la expresión corporal; se expresa en danza, en canto, en juegos, en ceremonias, llanto, riñas, etc. La alegría de estos instantes no es diversión pura, no es pasatiempo, no es cosquilla, ni espectáculo, ni escapismo. Es alimento del espíritu, es libertad y riqueza, es comunión con la continuidad de la cultura. Es grabar en la memoria de los jóvenes las raíces que hemos heredado, el sentimiento de la vida. Sin este condimento la vida es alienante y el trabajo es decadente, cercano a la esclavitud. Casa Jiménez, 1923, obra gruesa a punto de ser terminada. Falta un piso y los elementos de techumbre: tijerales. (Arch. }.A. Jiménez) Otra característica exuberante es la abundancia, en sentido directo y contrapuesto a la escasez cotidiana. El banquete ceremonial deja entrever otro comportamiento mítico. Aunque es necesario comprender que lo importante no está en la comida o la bebida en sí mismas, sino más bien en el sentimiento y en la conciencia de que todo abunda. (El trabajador comenta: "sobró comida"; "había trago como para bañar yeguas"). Lo significativo, en el fondo, es sentirse rico, aunque sólo sea por unos momentos. 130
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