e o n a fuerza del pasado, os Constructores C vi es cimentaron el Las formas del pasado pasaron a ser parte del repertorio de los diseños de las obras de las ciudades, desde los edificios públicos, hasta los monumentos y los muebles, y abundantemente en los mausoleos. Eso se debió a que los nuevos procesos productivos de la industria permitían elaborar elementos arquitectónicos prefabricados y además los nuevos materiales se estandarizaban. En ese sentido, es emblemático recordar que en la vanguardista Gran Exhibición de Londres en l 851, un tributo al desarrollo industrial, fueron exhibidos materiales constructivos, así como elementos, ornamentos y decoraciones prefabricadas que se producía en ese momento. Entre el historicismo y el eclecticismo no existen diferencias desde el punto de vista constructivo, ya que en ambos se utilizaban las nuevas técnicas constructivas; las diferencias entre ambos es más bien ornamental. Por un lado, el primero se identifica sólo con uno de los estilos del pasado y en ese sentido es más purista, dando por resultado un neogótico, un neoclásico, un neorománico, neobarroco, etc., que a pesar de regirse por una sola estética, igualmente sufría variaciones ya que se hacía con nueva tecnología. Además el historicismo es una búsqueda heredada del siglo XVIII que trataba de dar respuesta a la pregunta: "¿en que estilo debemos construir?", que apuntaba a identificar un estilo apropiado a cada nación. A su vez, lo ecléctico presume una mezcla, una conjunción de elementos de diversos estilos del pasado e, incluso, una transformación de la forma original de esos elementos de la historia en gran medida debido a los nuevos materiales. Así, lo ecléctico dio por resultados obras de una gran inventiva y originalidad, pero también otras abigarradas por el exceso y la opulencia. Pero además, si nos remontamos al periodo fundacional, veremos que de las construcciones que permanecen en nuestra ciudad, se mantiene una edificación que, si bien fue proyectada y levantada en Mejillones, luego fue trasladada y remontada en Antofagasta: se trata del edificio de la Intervención Chilena, también conocida como Casa Chile (una suerte de embajada), que luego fue destinada a la Aduana de Antofagasta (después que se incendiara la que existía), hasta llegar a ser el actual Museo Regional de la DIBAM. Su arquitectura es un ícono de la industrialización de la segunda mitad del siglo XIX aplicado al desierto costero de Atacama; su diseño se atribuye a Manuel Aldunate, arquitecto del Ministerio de Industrias y Obras Públicas, y fue construido en Valparaíso como un prefabricado en madera por la compañía Wetmare. La estructura fue armada en Mejillones, donde sólo se hizo los cimientos que la acogerían en un sitio -actualmente abandonado- donde estuvo la primera Mejillones. Luego fue desmontada, poniendo a prueba la capacidad transportable de la obra y reconstruida en Antofagasta enfrentando al mar (antes que estuviesen la Gobernación y el Resguardo), frente a la Poza Histórica y al muelle de pasajeros y a un costado del industrial de la Compañía de Salitres y Ferrocarril. El edificio de dos plantas tiene un sin Un vers dad Cató ca del Norte 68 número de características relevantes en cuanto al diseño y demuestra la preocupación por una arquitectura adecuada al clima del desierto costero: su balcón-galería que recorre todo el perímetro del edificio haciendo de aleros que sombrean las fachadas de la primera planta, su cubierta horizontal extendida en aleros que cobijan la galería evidenciando la poca pluviosidad y la necesidad de protección de la radiación. Además, su estética exterior propone un interesante exoesqueleto basado en el sistema constructivo mixto de balloon y los platform frame donde resaltan los jabalcones.
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