e o n a fJErza del pasado os Constructores C vi es cimentaron el 1981 ). Aparte de estas transformaciones, los rec~rsos ~o~t~ños eran permanentes e independientes de _los cambios ~limat_1c_~s, de manera que existía una plena confianza en la d1spos1c1on de tantos alimentos costeños; incluso los efectos de la corriente del Niño no lograron generar impactos críticos (Llagostera et al 2000). Precisamente, por los l 0.280 a 9.280 años AP el escenario de la costa de Antofagasta acoge a los pescad~res Huentelauquén, quienes instalan sus campamentos en el sector de la Chimba, en espa~ios elevados, al pie de la Cordillera de la Costé!,, en donde,_ a Juzgar por la magnitud de los conchales,_ vanas agrupaciones debieron integrarse sin un ordenamiento determinado (Llagostera 2005). Allí consumieron los alimentos tr~sladados de~de las playas, preparándolos sobre fogones, P<?S!blemente realizando festines ritualizados, en los que se h1c1eron presentes sus litas geométri~o_s discoidél:les y poli!¡Jonales, vincul~dos con acciones simbolicas propias de antiguos ceremoniales que inauguraban los pri~eros actos públicos en espacios abiertos. Se trata de acciones profanas y sacras que seguramente incluían el culto a los antepasados y quizás a las importantes vertientes cercanas. Después de los 6.000 años AP, cuando se estabilizó el nivel del mar tal como se encuentra en el presente, comienza la recolonización del litoral a través del establecimiento de múltiples asentamientos que representan una mayor carga demográfica y cobertura espacial. Entre Taltal y la desembocadura del Loa, estos habitantes logran apropiarse de otros espacios, distintos a los de sus, antec_es<?res, disponiendo sus campamentos en sectores mas restring1~os, con recintos sencillos, también dispersos. En gran medida, una vez cubiertos con los residuos de alimentación, fogones y depósitos de cenizas, estos campamentos fueron abandonados dando lugar a grandes montículos o CC?nchales que, precisamente en el sector de Taltal donde existe una mayor concentración, han sido datados en los 6.400 AP (Gaete et al 2003 en Castelleti 2007). Ciertamente, alreded9r de los 6.000 años AP, los campamentos se presentan mas homogéneos y con similares respuestas culturales y tecnológicas, siendo su principal identidad los a_nzuelos elaborados de conchas (Bird 1943). Estas agrupaciones se dispersaban por el litoral en explotaciones oportunísticas, pero siempre convergían a sus_viviendas junto a los canchal es, incluyendo el acceso a la Cordillera _de la Costa y<:'- las pampas interiores donde se han reconocido sus refugios pircados que no debieron ser diferentes a aquellos que constituían sus campamentos-base junto al litoral. D~~de estos talleres donde se realizaban labores muy exped1t1vas, trasladaban a la costa las materias primas medianamente percutidas las que darían lugar, finalmente, a los grandes cuchillos y puntas de proyectiles bifaciales, que fueran usados durante estos tiempos a lo largo del litoral. Por los 5.000 años AP un hecho constructivo inédito ocurrió en la costa desértica. Se abandonó la idea de levantar recintos dispersos o no aglomerados junto a los espacios públicos, principalmente en los conchales, dando lugar ~, una programación arquitectónica a travé~ ~e la construccIon de viviendas subcirculares con muros solidos, muy cerca unas LJ n I v e ~ < d a d C a , ó I e ~ d r I N l r t e 08 de otras y a veces apegadas, rodeando patios eriazos u~ilizados para sus prácticas ~omésticas. Cierta~_ente, a partI! .~e los estudios de Capdev1lle (1 921) en los sItI0~ que lla'!lo ge_~te de los círculos", se han reconocido asentamientos mas proluos y permanentes, tan complejos que algunos se presentan como pequeñas aldeas (Contreras et al 2007; Contreras y Núñez 2008; Núñez 1984). Se trata de los pescadores de la fase Huelén (5.500-3.780 años AP), quienes perfeccionaron su organización social y económi~a a través del levan~amiento de viviendas interfamiliares Junto a los espacios muy productivos. Allí iniciaron la inhumación de sus an~estros bajo el piso residencial, bien,sellado con un Pé:1~Imento cementado, como señal inequ1voca de que han f1Jado sus actividades ahora semisedentarias, viviendo junto con los antepasado~ fallecidos; han acentuado su pertene~cia_ a ese espacio habitado. Por otro lado, este hecho md1c~ la sacralización del asentamiento, ya que los seres fallecidos establecían vínculos de protección ante las rogativas de los vivos, planteadas durante los festines que se llevabé!,n_ a cabo en los espacios públicos localizados frente a las v1v1endas. Un sinnúmero de estos asentamientos se ha localizado desde Taltal hasta la desembocadura del río Loa (Capdeville 1921; Latcham 1938; Núñez y Contreras 2009; Bustos 1974; Schaedel 1957). Precisamente, el asentamiento Huelén-42 representa bien esta fase a través de la disposición de 75 a l 00 estructuras habitacibnales subcirculares que asemejan una "aldea incipiente", cuyas fundaciones fue~o~ soc~vadas en ~a base estéril para lograr un mayor espacio interior, preparandose un piso básico bien consolidad~ por una c~pa cementada. A lo largo del tiempo de ocupacIon se logro un~ ver~~dera superposición de pisos, en~re _los c~ales se ~an 1dent1f1cado residuos de actividades domesticas e inhumaciones de cuerpos extendidos junto a sus ofrendas .. Este _concepto de res!dencia, en la que se alojan los vivos al interior ~e una arquitectura sólida al mismo tiempo en que se deposita los antepasados, da cuenta de un culto innovador que tiene que ver con una pertenencia territorial, en la que la vida cotidiana se separa entre el mundo interior de la vivienda, donde "viven" bajo tierra los difuntos, con los cuales se interactúa directamente, y un mundo exterior, dond~_ocurrirían las me_riendas diarias y los festines colectivo~ (Nunez et é!,I l 97~; D1etler y _H_é!;yden 2001 ). Esta sacralizacion del espacio hab!tado PE:rmItI0 gue algunas viviendas fueran cub_iertas C?n res19uos alimentarios, mientras que otras, construidas mas tard1amente, exponen sus cabezales de muro en la superficie del sitio. Se trata de recintos armados con bloques verticales que se empotran en el suelo estéril y compacto, el cual ha sido socavado, conformando en algunos casos depresiones ~orno ~odegas. Sobre esta hilada de bloques apegados entre sI, const1tuye~do una estructura ovalada o subcircular, coronaron laJas horizontales orientadas a estabilizar la estructura, con el apoyo externo de re~id_uos orgáni~?S que le daban mayor resistencia al muro principal, conteniendolo desde ~I e~~erior. Un aspecto tecnológico trasce_ndental fue la ~pl1cac1on de una pasta aglutinante confeccionada con cenizas de ~lgas marinas secas, arena y agua de mar. Se tratad~ u~a variedad de cemento que logró fijar las estructuras hab1tac1onales, de
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