40 uturo de los lnger eros Corstructores • 50 Anos, 1961 2 O 1 1 San Pedro de Atacama, y por cuanto se han registrado petroglifos, plumas de aves y obsidiana en Huelén-42, similares a los correspondientes a la fase circumpuneña referida, todo hace suponer que existían vínculos de interacción durante un tiempo de sequias en el interior y que, tal vez, esta modalidad constructiva fue compartida tanto en la costa como en las tierras altas, en un periodo en que surgían en ambas partes experiencias de vida semisedentaria, anteriores a la expansión de las prácticas ganaderas y agrícolas. Después de la fase Huelén se desarrollaron intensos poblamientos en la costa de Taltal, Paposo, Cerro Moreno/Abtao, Cobija, boca del Loa y otros dedicados a la producción excedentaria (Núñez 1984; Castelleti 2007). Se perfeccionaron los medios de producción incorporando el uso del cobre para la fabricación de anzuelos y cabeceras de arpones. Se popularizó el uso de las balsas confeccionadas de cuero de lobo inflado para lograr la explotación de recursos al interior de las caletas y roqueríos productivos que permitía alcanzar a los cardúmenes y grandes peces de alta mar y, también, el traslado de un campamento de un lugar a otro. Se nota que existe una gran demanda de los productos costeros, especialmente de los alimentos tratados con técnica de secado y salado. Son los tiempos en que la población aplica una estrategia para distribuir sus agrupaciones de menor escala demográfica buscando cubrir un mayor espacio de explotación, generándose así un ambiente de prestigio económico que abrió mejores expectativas para los intercambios con los pueblos del interior (Llagostera 1993 ; Núñez 1986; Salazar et al 2009). Estamos hablando de los tiempos formativos, cuando la sociedad ha dado un vuelco hacia formas más complejas de vida en los oasis agrarios interiores, repercutiendo en la costa. En efecto, son los propios costeños los que cargan a la espalda sus excedentes hacia Quillagua u otros "puertos" interiores de intercambio (Cases et al 2008). Por otro lado, los grupos protocaravaneros, de la fase Tilocalar, descendían con sus llamas cargadas, trasladando productos domésticos y de privilegio, como cuentas de turquesa, carne seca, cerámica, metalurgia, ganado en pie, alucinógenos y algunos productos agrícolas: maíz y quinua, cuyas evidencias fueron halladas en sitios arqueológicos de la costa. Se trata de un momento cuando los contactos con los pueblos del interior comienzan a incrementarse y hasta se podría esperar que desde los 3.000 a los 2.000 años AP se inicie la intensificación de las conexiones entre los aldeanos de las cuencas del Loa y Atacama y los costeños propiamente tales. Se esperaría, en consecuencia, y de acuerdo a una visión unilineal, el surgimiento de aldeas más complejas en la costa; sin embargo, otro hecho también sorprendente ocurrió con la construcción de los asentamientos durante estos tiempos formativos. No se repitió ni se perfeccionó el modelo de caseríos semisedentarios de la precedente fase Huelén. Por el contrario, se organizaron múltiples campamentos, sumamente dispersos, con soluciones constructivas simples, a modo de tolderíos sostenidos con muros muy bajos; era una ocasión en que la energía humana estuvo más dedicada a la producción de excedentes que al levantamiento de asentamientos complejos de larga duración. Por tratarse de microasentamientos expeditivos y competitivos que comparten espacios productivos comunes para tareas específicas (Castelleti 2007), no ocurrió tanta concentración como antes y ya no se confi~uran los grandes montículos de desperdicios o conchales. Mas bien, retornaban a los campamentos-base, donde situaron sus cementerios y donde se mantuvo el culto a los ancestros, pero esta vez en los espacios abiertos fuera de las viviendas. Es tal la intensificación de la producción, que las agrupaciones interfamiliares advierten que los asentamientos como caseríos los restringían a un espacio muy acotado. Ahora eran los tiempos para desplazarse por vía terrestre y marítima hacia espacios no intervenidos o a sectores en los que, excepcionalmente, se concentraban recursos cuantiosos, tal como ocurría durante las varazones de pescados. En este nuevo marco de intereses socioeconómicos, los campamentos transportables o aquellos Pervivencia de los pescadores changos durante la colonia, arponeando peces desde la balsa de cuero de lobo inflable, práctica común en la costa de Antofagasta (D 'Orbigny 1830). de uso redundante, al interior de un circuito de campamentos secundarios eran, en el fondo, una respuesta adaptativa mucho más eficiente que los hábitats semisedentarios. Los pescadores de la fase Cobija, si bien se desplazaban a lo largo de la costa a través de agrupaciones interfamiliares, siguieron enfatizando el culto a los antepasados, aplicando un gran despliegue de energía humana, no tanto en la construcción de sus hábitats, sino en la disposición de sus difuntos bajo grandes túmulos. Estas poblaciones con túmulos funerarios preparados con argamasa, conchillas y agua salada 11 L,n vcrs1dad Cutol1ca del '\Jorte
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